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Ctra. de Quintanarejo, Km. 4,5. C.P. 42150 VINUESA (Soria)

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¿Recuerdas todavía el olor del tomillo al pisarlo en un paseo por los prados? ¿Rememoras aún cómo huele la resina de un árbol tronchado? Los hongos y su perfume después de una lluvia otoñal, el canto persistente pero mágico del cucú, el sonido de la esquila de alguna vaca que pace tranquilamente en lo alto de la loma, la mágica luz del sol filtrándose por entre las ramas de los altos y esbeltos pinos, el rumor constante e imparable de un arroyo pequeño que pululea entre rocas... Todo ello puedes encontrarlo si te das una vuelta por la zona de pinares, por esta curiosa y pertinaz comarca soriana, donde la paz y la quietud se dan la mano con la belleza y la naturaleza rabiosa.


Las casas de raigambre tradicional castellana, con sus tejados inclinados, sus vigas de enebro y pino, su piedra sillar cortada a pico, sus lineas galanas y sus colores terruños. Arquitectura pinariega, de carreteros, de resineros, de ganaderos, de mozos que han espigado y pinocheado el mayo año tras año.
Casas con encanto, con hogar, como sus gentes, recias y sobrias, donde se entrelazan piedras y barro, madera y ramas, con dinteles y escudos, con los anagramas de María o fechas viejas.
Son testigos de tardes de verano, a la fresca, de días de invierno raudos y fríos, de vientos gélidos y solanas espectaculares, de lluvia pertinaz y nieve duradera.
En las solanas cuelgan los jamones y los chorizos, secaderos de las matanzas del año anterior, mezclados con el tamiz y la guadaña, el sayo y las adoberas.


Comarca de bosque sin fin, de ejércitos de pinos y sabinas o enebros, de picos y colinas, de colores verdes y amarillos.
Los Picos de Urbión te vigilan, la sierra de la Demanda te controla y la de Neila te fronteriza, y tu te yergues sola, invicta, espléndida, majestuosa.


EL PINO FUENTE DE VIDA

Pinares viene de pino, y en él se resguardan todos los habitantes de la zona. Todo gira en torno a él, a su industria, a su cuidado, a su hábitat, a su paisaje, a su riqueza.
La explotación forestal, la madera, y todo lo que rodea su especial mundo, ha impregnado la vida social y laboral de la zona.


La ganadería ha sido la segunda fuente de ocupación, y el turismo, ahora en alza, viene atraido precisamente por lo que representan sus bosques y su entorno natural.
La comunidad cuida y explota sus bosques de manera sistemática y con precisión, cuidando los detalles, sin deteriorar la imagen de sus bosques. Los incendios son prácticamente inexistentes y la limpieza brilla en sus inmensas praderas boscosas.
La transformación maderera da vida a esta región, de ahí que el pino sea considerado como su bien más preciado.


Con más de 128.000 hectáreas de pinedo, a caballo entre Soria y Burgos, con altitudes que van desde los 1.000 a los 2.229 metros en el Urbión, el pino silvestre es el rey de la selva, donde los calveros y los claros no abundan, reinado de las setas y los hongos.
Pinos, robles y sabinas se dan la mano para crear un paisaje de ensueño, cercenado por el Duero, y enmarcado por montañas y laderas pronunciadas.
El pino que da nombre a la comarca, a la zona, es pues el protagonista absoluto. De ahí que hasta se le haya creado un museo en Vinuesa donde se le ensalza y se le explica, donde se le rinde pleitesía y se le contempla.

Contemplar el bosque en esta zona de pinares es un privilegio sólo al alcance de la mano del paseante, del recolector de setas, del romántico enamorado del silencio y el buen hacer de los colores y olores de la naturaleza.