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Ctra. de Quintanarejo, Km. 4,5. C.P. 42150 VINUESA (Soria)

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Los amantes de la naturaleza están de suerte en la zona de Pinares, ya que es la apuesta más válida y valiosa de esta zona. Si se tiene paciencia, unos buenos prismáticos, una brújula, una cámara y ganas de andar, la suerte está echada. Pueden contemplarse fácilmente corzos y ciervos, zorros y jabalíes, liebres y otras especies.


Las aves y pájaros son innumerables, y si se lleva a mano una guía de estos animalillos, puede disfrutarse con mayor énfasis toda esta zona pinariega. Cigüeñas y buitres leonados, cuervos y tordos, pájaros carpintero o urracas, milanos o halcones.
Cuando se busca la fauna se topa uno con la flora, y entonces el climax está servido. La masa de pinos albares y el pino negro, nos deleitará por sus alturas y profundidad, de la misma manera que el ulular de un buho o la persistencia del cuco.


Encinas o chaparras, sabinas o enebros, robles o quercus, estos compañeros inseparables de aquellos pinos, darán una sensación de misterio y encanto a los paseos pinariegos, pues rompen la monotonía del manto de pinos, y dan colorido y formas sistemáticamente diferentes.
El truco está en no tener prisa, en abandonar el estrés y deleitarse en el paseo por el propio placer de no tener metas ni fijaciones. No se trata de buscar un corzo, sino de encontrase con un ciervo; no es necesario en esforzarse por determinar si el pájaro que canta es un ruiseñor o un jilguero, sino de dejarse mecer por su canto; no nos preocupemos de si el musgo que lame la superficie de aquel roble es o no dañino, sino que tratemos de buscar la belleza de su verdor y su aterciopelado manto.

Dejémonos llevar por el instinto, por el sendero, recojamos tomillo y lavanda, frotemos nuestras manos con su fragancia, vamos a refrescarnos en aquel arroyo y bebamos sin pulcritud de sus aguas, colectemos aquella piedra curiosa o esa rama rota con forma de títere, hagamos una pequeña siesta bajo la sombra de esa encina o simplemente pongámonos a leer apoyados en una roca de aquel calvero. Estas simples e insignificantes cosas harán que el detalle de nuestra vida, de aquel momento, valga más que cien horas de cotidianeidad en cualquier ciudad.