

Al viajero que llega a Vinuesa le espera una comarca hermosa y turística. Encontrará rincones de naturaleza exultante y arquitectura sólida. Es una tierra verde vigilada por el Urbión, recorrida por carreteras serpenteantes que coquetean entre roble, risco y brezal con el río Duero y el embalse de la Cuerda del Pozo.
El Museo del Bosque y la Laguna Negra:
Desde hace pocos mese se ha convertido en obligada la visita al Museo del Bosque, donde de manera sencilla y amena se obtiene una visión general de los pinares sorianos y la comarca de Vinuesa. Desde allí la carretera lleva hasta la Laguna Negra. Laguna glaciar en la que naturaleza y literatura conviven y se apoyan en un paraje fascinante que invita a la meditación y el paseo. No olvide llevar consigo un ejemplar de La Tierra de Alvargonzalez de Antonio Machado y leer sus versos en el lugar que le inspiró.
Vinuesa- Santa Inés- Montenegro de Cameros:
Desde Vinuesa la carretera se precipita en curvas hacia Montenegro de Cameros. La calzada, entre pinos albares y ganado vacuno que campa a sus anchas, asciende hasta el puerto de Santa Inés, donde un punto de nieve proporciona remonte, dos pistas de esquí de fondo y una de iniciación alpina. El valle se abre soberbio... Y, al final, encajonado entre dos sierras, un caserío de piedra se arremolina entre las lomas oscuras. Rodeado de acebos, hayas, robles, avellanos, serbales y castaños, Montenegro. De las siete ermitas que un día tuvo esta villa, sólo permanece en pie San Mamés, en la que un románico sobrio al exterior, se decora con frescos que recuerdan a la escuela catalana. En el barrio de arriba, las casas se arremolinan en torno a la iglesia gótica que guarda un rico patrimonio histórico artístico.
Los pueblos de la Carretería, Vinuesa, Molinos y Salduero:
Durante los siglos XVII y XVIII llegaron a contarse en los pueblos del entorno de Vinuesa más de 2500 carretas y 7000 bueyes con los que los carreteros recorrieron toda España para llevar hasta el último rincón madera de los ricos bosques sorianos. Molinos vive acunado por las aguas del Duero niño. Sus calles, recuerdo intacto de un tiempo en que fue la más importante localidad de la Carretería, delatan su pasado arriero en palacios y caserones del XVI al XVIII, cuyas grandes puertas de arco y amplios zaguanes dan buena cuenta de un pasado espléndido. Estamos en un impecable exponente arquitectónico de la Tierra de Pinares: un pueblo que cuenta con el premio C de Turismo castellanoleonés. Y, a menos de un kilómetro río arriba, un pueblo que tuvo fue de Molinos y los vio independizarse. Es Salduero, que comparte con su vecino encantos, paisaje y sendero. Comparten sus ermitas y sus tierras, así como el pasado de un pueblo escindido en el XVIII. Salduero se llena de literatura y color en los versos de Gerardo Diego y los cuadros de Maximino Peña, su más ilustre vecino, quien naciera en una casona donde hoy descansa buena parte de su obra.
Entre rocas y tumbas, Covaleda y Duruelo:
Continuando la ruta desde Molinos y Salduero sorprende por su moderno aspecto Covaleda. La localidad fue pasto de un gran incendio en la segunda década del pasado siglo, que se llevó con él buena parte de la estética pinariega. Es enclave, sin embargo, de excepcionales rincones para practicar montañismo, senderismo, bicicleta de montaña y deporte. Asentada a los pies del Urbión, abre un paraguas infinito de sendas y rincones, imposibles de resumir aquí. Tan sólo un breve apunte del cercano Refugio de Pescadores, junto a uno de los puentes más interesante de la provincia, el mirador de La Machorra y la Piedra Andadera a la que basta empujar con una mano para mover su tonelaje por una extraña ley física... En cuanto a arquitectura, las llamas no pudieron con el muro ciclópeo de los siglos IV y III antes de Cristo vestigio de los primitivos pobladores de Covaleda, las tumbas antropomorfas o la iglesia gótica de San Quirico y Santa Julita. Y continuamos hasta Duruelo de la Sierra, con importantes tumbas antropomórficas y una iglesia con orígenes prerrománicos. Allí aguarda Castroviejo, un mirador magnífico donde la erosión creó una suerte de ciudad encantada, la Cueva Serena y su cascada, el ascenso a Urbión y el nacimiento del Duero, Peñas Blancas, la Fuente del Berro, Prados de Miguel, Entrambascuerdas... Una invitación al senderismo y la travesía en excursiones de altura.
La Corte de Pinares, Vinuesa:
Y en el centro neurálgico de la comarca… Vinuesa. Levantada a la sombra de reyes y nobles que la eligieron como lugar de esparcimiento, conserva uno de los mejores conjuntos de la comarca. No en vano la bautizaron con el sobrenombre de ‘Corte de los Pinares’. Por si fuera poco, la hermosa localidad fue a enclavarse en un entorno natural irrepetible, donde estuvo situada la Visontium de los Pelendones y romanos que dejaron dos altas obras de ingeniería: el puente que ayer cruzaba el Duero y hoy el Pantano y la calzada hasta Molinos. En este mismo puente, la Cañada Real Galiana cuenta una historia más reciente: la Mesta y la Carretería, que salpican de palacetes y casonas los pueblos. Dividida en dos barrios, Vinuesa ha resuelto mezclar humildes casas pinariegas con palacios y mansiones del XVI al XVIII. Una mezcla de encanto tierno y soberbia noble acompaña en la ascensión por esta villa. Balconadas y aleros proyectan su sombra ancha sobre el suelo empedrado, en tanto que bares y mesones salen al paso ofreciendo sus tentaciones gastronómicas. Arriba, un recinto del XVI se abre entre casonas vigiladas por la iglesia gótica. El templo se alza sobre un barrio de arquitectura más modesta rebosante de rincones.