

El pino trae el bosque y el bosque trae las setas y hongos. Los amantes de la micología tienen en esta zona controlada del bosque, una riqueza inmensa, en cuanto a variedad y en cuanto a sabores.
Los Boletus tienen aquí fama, no sólo por su incomparable arma y gusto, sino por su tamaño y textura. Pero para el buen sabedor, su cota irá más allá, hacia los níscalos, los cantharellus o los lactarius.
Más de 700 especies de diferentes pueden encontrarse en nuestra región soriana, y de entre ellos, los de la zona de Pinares destacan por su riqueza, tamaño y fragancia. El otoño pinariego es una buena oportunidad para reflexionar y degustar en los innumerables conciertos gastronómicos de esta zona.
Ya para los profesionales del buen ojo clínico honguístico, ya para el simple aficionado que sólo conoce una o dos especies, los profesionales de esta zona pinariega le alentarán y le enseñarán los recorridos, las diferentes variedades, los nocivos, sus escondites entre el humus del bosque...
Sensibilidad recolectora, vigilancia en el bosque, senderos bien delimitados. Todo ello ayudará al futuro participante en este turismo micológico en alza a aprovechar bien los días pasados en Pinares en la época concreta de mayor riqueza micológica.
Y para un mayor reaprovechamiento de unas buenas jornadas micológicas, que mejor que visitar las diferentes casas del bosque repartidas por toda la zona, como la del Amogable o la de Vinuesa, así como el museo micológico de Navaleno.
Una cesta, una cachaba, unas buenas botas, un buen mapa y una brújula serán los útiles que necesitará para enfrenarse a esta especialidad que añade un encanto extra a esta zona pinariega.