

No sólo de Antonio Machado vive el habitante de Vinuesa, literariamente hablando, sino que también otros autores han sido inspirados por la belleza y el magnetismo de esa zona pinariega.
El inmortal novelista español Pio Baroja, acompañado de su menos conocido hermano Ricardo, también retrató en una de sus obras el ambiente de Pinares. Se trata de su novela "El escuadrón del Brigante", inmersa en esa colosal obra sobre la Guerra de Independencia española del XIX; y en "El Mayorazgo de Labraz".
La primera de ellas, obra de 1913 describe a las gentes de Covaleda y de Pinares: "Estos serranos del Urbión parecían bretones por su aspecto (...) La garganta de Covaleda es uno de los desfiladeros más hermosos de España". Narra también en esta novela el agua inmóvil que parece dormir misteriosamente, aparentemente agua negra, en la Laguna Negra. En la segunda obra, describe los pinares y también la Laguna Negra, y aquellos montes lejanos por los cuales corrían pinceladas de violeta.
Otros autores, empero, han hablado de esta comarca, desde Benito Perez Galdós ("...mira con fantasía y vente más allá conmigo, hasta los picos excelsos del Urbión" en su obra "El caballero encantado"); pasando por el excelso poeta Gerardo Diego, quien dedicase varios poemas a esta zona ("Pero algo, Urbión, no duerme en tu nevero / que, entre pañales de tu virgen nieve, / sin cesar nace y llora el niño Duero", en su obra "Cumbre de Urbión"); o Miguel de Unamuno en su artículo "Por el alto Duero"; Gomez de la Serna ("Vinuesa es una villa alegre, de sólida piedra sillar..." en "Cuaderno de Soria").
Hasta la propia Santa Teresa de Jesús habló de Duruelo de la Sierra, y son numerosos los autores que describen el río Duero, desde su ínclito nacimiento. Y muchos más los autores no tan conocidos, de segunda linea, que han dedicados muchas páginas a estas tierras. Me despido con Aurelio Rioja, poeta muy descriptivo:
"Esta parda paleta de las tierras del Duero
no tiene fantasía, es toda austeridad:
un trozo de planeta sin escenografía,
con su color sincero, un tono de verdad"
Antonio Machado llegó a Soria en 1907 como catedrático de francés. A pesar de que en un primer momento no se sintió integrado en la pequeña ciudad castellana, poco a poco supo conocer, valorar y amar a esta tierra en la que encontró a la mujer de su vida, Leonor.
En el año 1910, durante las fiestas patronales de la ciudad de Soria, Antonio Machado materializó su deseo de visitar el nacimiento del río Duero. Aquel viaje por los pinares sorianos fue el germen de una de sus obras más famosas, La Tierra de Alvargonzalez, de la que realizó dos versiones, en prosa y verso.
En aquel viaje Machado conoció el mundo rural soriano de la tierra de pinares. Converso con la gente, grabó el paisaje en su retina, y encontró la inspiración que le llevó a cantar como nadie a esta tierra. Así lo reconocía el poeta cuando en 1938, en una entrevista concedida al diario “La Voz de Madrid” decía: Soy hombre extraordinariamente sensible al lugar en que vivo: la geografía, las tradiciones, las costumbres de las poblaciones por donde paso, me impresionan profundamente y dejan huella en mi espíritu. Allá en 1907, fui destinado como catedrático a Soria. Soria es lugar rico en tradiciones poéticas. Allí nace el Duero que tanto papel juega en nuestra historia. (…) Y viví y sentí aquel ambiente con toda intensidad. Subí al Urbión, al nacimiento del Duero. (…) Y allí nació el poema de Alvargonzalez.
El buen viajero siempre busca acompañarse su periplo con literatura alusiva a entorno que va a recorrer. La literatura, sea en prosa o verso, siempre va más allá porque llega donde los cinco sentidos no alcanzan. Y Vinuesa y su entorno tienen el privilegio de contar con una excelente compañía para el viajero por estas tierras, Antonio Machado y su Tierra de Alvargonzalez.