

Decir Vinuesa es decir piedra y antes fue decir historia. Vinuesa es una villa, que no pueblo ni ciudad, donde uno conecta rápidamente con la simpatía visual de su entorno, de lo que le rodea, de lo que transcurre bajo sus pies, de lo que respira.
Ni grande ni pequeña, ni colosal ni escueta, ni colorista o gris. Simplemente Vinuesa, una población donde dejarse llevar por el instinto de una bella fotografía o del olor de un torrezno recién cocinado.
Municipio de apenas 1.000 habitantes, sobrecoge por su elegancia y su prestancia, por el color de su piedra, por la soberanía del paisaje que la enmarca.
Corte de Pinares, como se la conoce, patria de pinochadas y mayos, de clima atemperadamente duro pero con veranos suaves y agradables, de aquellos en los que se puede dormir al amparo de una manta.
Regada por el Revinuesa y el Duero, que se abre en presa, cuna de la Cuerda del Pozo y del puente romano y su calzada, que yace a sus pies. Cabeza de comarca, a 1.100 metros de altura, con varios soberbios edificios: el palacio de los Vildueña del XVII, y la casa de los ramos del XVIII, el palacio del don Pedro de Neyla del XVII, el rollo o picota del XVIII y con sus barrios de el Quitanarejo y de Santa Inés, de arquitectura tradicional.
Iglesia de nuestra señora del Pino, renacentista, de los siglos XVI-XVII de bella factura y angelical recogimiento. Ermita de la Soledad del XVI, de traza gótica y testigo anual del Mayo que se alza a sus pies. Ermitas de san Pedro, san Mateo y san Antón, con sus peregrinaciones y festividades anuales.
Puente romano de bella escala, ahora sepultado en el rio, apareciendo y desapareciendo a merced de las aguas, como su calzada que unía Uxama con Visontium, la Astúrica y la Cesaraugusta, del siglo II d. de C.
Vinuesa, cuna de balcones corridos, de chimeneas cónicas y de una bella sillería por doquier se mire.
El término Visontium tiene su origen en época prerromana, cuando esta comarca estaba en manos de una de las tribus celtíberas que habitaron lo que hoy es la provincia de Soria, los Pelendones. Estos fueron un pueblo ganadero que desarrolló su civilización en el norte de la provincia y presumiblemente fundaron la ciudad de Numancia, más tarde conquistada por los Arévacos, pueblo celtíbero más desarrollado y que llevaron a dicha ciudad a su apogeo y legendaria resistencia a los romanos, hasta su caída en el 133 a. C.
Visontium mantuvo su nombre durante la dominación romana, y con ella llegó su apogeo. Así lo atestiguan los tramos consevados de la calzada que la unía con Uxama y sobre todo el puente romano datado en el siglo II d. C. y que se resiste a desaparecer bajo la cola del Embalse de la Cuerda del Pozo, en lo que fue cauce del río Revinuesa. Cuando las aguas presentan un nivel bajo, todavía se puede admirar la factura de piedra de sillería de sus arcos y el pavimento de losas de piedra.